Se incumple la última voluntad de Armando Hart

En sus últimos años de vida,  Hart Dávalos, se mantuvo trabajando en la obra de José Martí, apóstol de Cuba.

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- “No sé si será un derecho humano,  pero si lo fuera se lo están violando”, dice Berta, residente de Jaimanitas y prima del recién fallecido Armando Hart Dávalos, uno de los protagonistas de la revolución de Fidel Castro en 1959.

Berta es una anciana muy delgada  que camina despacio y fuma mucho. Cuenta que  su primo “Mandy’ pidió antes de morir que sus cenizas fueran depositadas  junto a la tumba de Frank País, en el cementerio Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba, “pero su viuda Ilsinia se niega y las mantiene guardadas en una caja de madera, en el último cuarto de la casa”.

Armando Hart Dávalos, figura de probada vocación revolucionaria contra la dictadura de Batista, fue después del triunfo de la revolución ministro de Educación y luego de Cultura. Sobre sus hombres suele a veces caer  la responsabilidad de la pérdida de valores y la anulación de la escuela cívica en Cuba. También quehaceres par las trarla cultura por su contenido, que derivaron en muchos artistas exiliados, o marginados por el dogma comunista.

En sus últimos años de vida se mantuvo trabajando en la obra de Martí. Su voluntad póstuma fue que sus cenizas reposarán junto a uno de los puros de la lucha contra Batista, el mártir santiaguero Frank País, pero su viuda niega tal decisión.

“Mi hermana Marta la ha llamado muchas veces”,  Berta enciende otro cigarro, “queremos ir juntas a llevar  sus restos a Santiago, y así cumplir con su última voluntad, pero Ilsinia lo obstaculiza, no contesta el teléfono, lo mantiene encerrado en aquel  cuarto oscuro”.

Berta cuenta que “Mandy” tuvo con  Ilsinia dos hijas, que resultaron parapléjicas y se mantienen en silla de ruedas. Que sufrió mucho por la muerte de sus dos hijos con Yeyé, (Haydeé Santamaría Cuadrado, heroína del ataque al cuartel Mocada en 1953), que murieron al unísono en un accidente de tránsito.

“Recuerdo  con cariño a Yeyé’, dice Berta, “ella me ayudó mucho cuando la enfermedad de mi esposo. Propició que me graduara en magisterio, que llegara hasta directora de escuela. Yeyé me cuidaba los niños para que yo pudiera estudiar, en verdad le debo mucho. Pero Ilsinia es todo lo contrario a Yeyé. Ha puesto una contestadora en el teléfono. Y no recibe visitas”.

Para estas dos primas del extinto luchador anti batistiano, resulta inadmisible esta negativa.

“No podemos hacer nada”,  concluye Marta.  “Somos solo dos ancianas  que desean que su primo descanse  junto a Frank en Santiago, como él quería”.

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