La obesidad en Cuba, un mal que afecta la salud y la estabilidad de parejas

“Solo me queda eso, o reventar de tanta grasa, pues el pan con aceite y el agua con azúcar que fue mi desayuno tradicional durante años, no lo puedo desechar…”

Por León Padrón Azcuy/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- En Cuba, el desorden alimentario a causa de una economía en ruinas, obstaculiza de manera dramática el tratamiento de la obesidad.

Según la prensa oficial: un perfil creciente en las estadísticas de los últimos años, que señalan al 18,1 % de la población cubana femenina y al 11,4 % de la masculina, como obesos.

“¿Quién puede establecer una orientación nutricional en función de mejorar la salud aquí?”, se pregunta Mercedes, una ama de casa, y agrega que “cuando la mayoría de los cubanos no podemos disponer regularmente de leche, carnes, pescado, vegetales y frutas, esenciales y desterrados de muchos hogares”.

Imaginar el papel que desempeñan los nutricionistas en los centros de salud, en su afán de indicar una dieta adecuada, para combatir la obesidad resulta un rompe cabeza.

Para Elizabeth Marrero, especialista de un hospital del Vedado, antes se consideraba a la persona con sobrepeso como un sujeto que gozaba de buena salud, pero ahora se sabe que la obesidad tiene muchísimas consecuencias negativas.

“Cuando vienen a mi consulta buscando orientación para combatir la gordura, me cuesta trabajo recetar, por los altos precios de los productos sanos que estabilizan la salud”, explica la especialista.

La obesidad no solo incide en la salud, también provoca ruptura de pareja, cuando uno de los dos  pierde la estética del cuerpo, como el caso de Magdalena Lara, residente en calle B y 25, en el municipio Plaza.

Según consultados, Magdalena es una de las mulatas más hermosas de La Habana. A ella su esposo la abandonó, algo que según cuenta le consume el alma.

Muchas personas obesas, especialmente del sexo femenino, tienen voluntad y a veces hasta obsesión por bajar de peso, ensayan todo tipo de dietas. La dieta de la luna, del agua, de la piña, de carbohidrato, de nopal, del limón, del vinagre…

La diferencia de clases influye en la dieta escogida.  Noelia, dueña de una peluquería en D y 27, relata: “Conocí a Juan Carlos cuando tenía 15 años y pesaba 120 libras. Ahora tengo 50 y peso 200, y sigue enamorado de mí.  Pero debo tomar mis precauciones. Comencé un tratamiento que me surgió y me ha ido muy bien. La dieta de la piña, que consiste en desayunar con una rodaja de piña, dos huevos hervidos, té o café sin azúcar, almorzar con una rodaja de piña, un trozo de pollo al horno sin pellejo, ensalada verde con limón o vinagre y de cena pescado, ensalada verde, té o café. Además, mucho gimnasio”.

En cambio, Mirian, oficinista y madre soltera, con un salario mensual de solo 231 pesos, 11 dólares, obesa desde su juventud, come lo que aparezca y no puede darse el lujo de pagar un centro de ejercicios físicos.

“Son demasiado caros y en los últimos meses han subido de precios de una manera espantosa. Antes costaban 3 CUC, luego lo subieron a 5 y en este momento ya andan por los 15 CUC, mucho más que mi salario en el Ministerio de Trabajo”.

Agrega: Tengo que apretar el cinto. Solo he podido hacer una dieta, la del licuado de pepino y berro, dos vegetales carísimos y difíciles de encontrar, pero ¿Qué voy a hacer? Solo me queda eso, o reventar de tanta grasa, pues el pan con aceite y el agua con azúcar que fue mi desayuno tradicional durante años, no lo puedo desechar, porque es lo que nos queda al alcance a nosotras, las gordas del pueblo, que no tenemos un alto poder adquisitivo, ni negocios particulares, ni familias en el extranjero, o en la altas esferas del gobierno, que son los únicos que pueden hacer dietas en Cuba y alimentarse con productos que nutran y no nos engorden como puercos”.

La isla caribeña con 11,6 millones de habitantes, sigue el aumento de la obesidad tanto para hombres como mujeres que no logran tener una dieta balanceada, afectando además la estabilidad de parejas.

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