La vida libre, ¿a costa de quién?

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La historia de la lucha opositora prodemocrática deberá  escribirse algún día, completa y con letras mayúsculas, porque ha sido espinosa, dura, pero  sobre todo desigual: sencillos hombres y mujeres del pueblo levantando la voz contra el más férreo mecanismo de subyugación social y control informativo que haya existido.

Sesenta años no les ha servido para derrocar al comunismo. El régimen, repleto de Fortalezas y Oportunidades avasalla a un movimiento disidente lleno de  Debilidades y Amenazas, grupo desalentado no solo por la acción de la Policía Política, también por el fraccionamiento y la deserción de un significativo número de sus miembros, algunos adscritos al Programa de refugiados políticos y otros que aprovecharon viajes de capacitación a otros países o utilizaron las visas otorgadas por embajadas amigas, y remediaron por cuenta propia sus destinos.

¿Qué libertad de país defendían? ¿Cuántos proyectos quedaron truncos, presupuestos perdidos, ilusiones de grupos arrastrados a la nada? Espacios que otros luchadores prodemocráticos (tal vez menos visibles, pero con más  patriotismo), hubieran aprovechados mejor.

Tal vez hoy, ante sus abundantes desayunos y gentiles beneficios en sus vidas apacibles, no recuerden que un día fueron la esperanza de un pueblo oprimido. La nulidad de su valentía debería pesarles ahora en sus conciencias.

Párrafo aparte para aquellos que un día no hallaron otra forma mejor de lucha que emigrar,  para “desde allá” continuar en el combate, ahora desde nuevas trincheras y perspectivas, dejando ya no la piel en la calle, pero si su  esfuerzo personal y parte del sudor de cada día aportado a la causa disidente.

La memoria histórica pro democrática no los olvidará nunca. A los otros, “los quedados”, solo les tocará el olvido.

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