Testimonio de un ex alcohólico cubano: Solo conoce el peso del muerto quien carga la caja

Ramírez, asiste a uno de los muchos grupos de Alcohólicos Anónimos que fundados en La Habana.

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La crisis económica y de valores, y los caminos sin salidas, han provocado que en Cuba el alcoholismo se haya convertido en un mal social.

Conversamos con Raymundo Ramírez, de  83 años de edad, natural de Matanzas y residente en el poblado de Jaimanitas, y 21 sin beber, gracias al grupo de Alcohólicos Anónimos de Santa Fe.

Ramírez quiere compartir su experiencia y ponerla a disposición de los que quieran salvarse de ese terrible azote.

“Comencé a beber a los 15 años y no paré hasta los 62, cuando apenas me quedaba vida. A pesar de ser un borracho malcriado, pude estudiar  en la Escuela de Artes y Oficios de La Habana y al triunfo de la “revolución” graduarme como técnico de motor y fuselaje. Llegué a ocupar buenos cargos en unidades militares y en el Aeropuerto Internacional José Martí, pero la bebida siempre terminó estropeándolos”.

Su tono de voz es bajo y pausado. Cada minuto lo vive con alegría, porque a los 62 años tocó fondo y lo perdió todo. Parecía que su turbulenta existencia concluía ahí, pero  gracias a las terapias del grupo se salvó.

La Sociedad de Alcohólicos Anónimos se fundó en 1953, por Bill Wilson, un corredor de bolsa de Nueva York y un médico cirujano conocido como el doctor Bob.

“En Cuba existen actualmente en todas las provincias grupos de Alcohólicos Anónimos,  pero la persona hasta que no toca fondo no reconoce que es un enfermo y que necesita atención. Por eso en el grupo se recalca la importancia de que cada alcohólico toque fondo, porque es donde comienza la dura batalla de todos los días. Conseguir  24 horas sin beber es un logro muy grande, de ahí nuestro saludo de grupo: Solo por hoy no beberé”, explica Ramírez.

El grupo de Alcohólicos Anónimos donde asiste Ramírez llamado “Renacer”, situado en el poblado costero de Santa Fe, en el municipio Playa, cuenta con más de 50 miembros. Me dirigí hasta allí, pero en esos momentos  no están en sesión. Me atendió el encargado del local, Beltrán, con 5 años sin beber, y reconoce a Raymundo como uno los pilares fuertes del grupo.

“En La Habana existen muchos grupos de Alcohólicos Anónimos. Los más antiguos son “Plenitud”, “Doy amor con el corazón”, “Fe”, “Nuevo Horizonte”, pero el primero que se fundó en Cuba es “Sueño”, que radica en Centro Habana”, dijo Beltrán.

Beltrán es un hombre de mediana edad, canoso y con sobre peso. Confiesa que fue médico intensivista y perdió el título cuando en una borrachera diagnosticó erróneamente. Gracias a Dios aquel paciente sobrevivió, pero a él no lo dejaron continuar ejerciendo.

“Nadie imagina cuántos abogados, médicos, funcionarios del estado, militares y policías, están presos en las garras de ese vicio, que es la peor droga del mundo porque es autorizada y con una industria enorme. Además, es una enfermedad sin cura, porque el alcohólico hoy es alcohólico siempre. Y no es pesimismo, es una realidad, en la confianza viene la recaída, que casi siempre se lleva la vida”, reveló.

Para Beltrán “existen tres tipos de fases en la enfermedad: el bebedor social, el bebedor fuerte y el bebedor problema”.

“Para el fin de año se organizan actividades en todos los grupos, que comprenden conferencias, conversatorios y seminarios sobre temas importantes, porque para estas fechas de festividades se incentivan las tentaciones que asolan a las personas en rehabilitación”, agrega.

“También celebramos, pero sin alcohol, los resultados de las terapias y los logros individuales, porque de verdad es un motivo grande para festejar, poseer un organismo libre de alcohol” y  recuerda una frase del escritor norteamericano Francis Scott Fizgeralt, “el alcohol ha robado a la humanidad más almas, que las guerras vidas”.

Cuando Ramírez tocó fondo, hace exactamente 21 años, un mes y dos días,  recuerda que perdió a la vez su matrimonio, su hogar, su familia y su empleo como jefe de la base de transporte del Wajay.

“Todavía me duele, en el alma… aquello. ¡Cuánto hice sufrir a mi esposa…  a mis hijos…! ¡Cuánto problemas me busqué en el trabajo! Llegaron a decirme Kid Bóxer, porque me enredaba a piñazos con cualquiera… por cualquier cosa. El problema del borracho comienza por creer que es una persona agradable y que todos lo quieren. Después comienza a dejar de bañarse, de afeitarse y a caer en la falta de respeto. Luego viene la etapa del robo y la estafa para buscar la botella, y le sigue la terrible inseguridad de no saber que hizo durante la borrachera y entonces aparecen las pesadillas, el deliriums tremens… el caos.

Y finaliza diciendo “pasé por todo eso, ahora que estoy sano, tengo un dicho personal que  repito a los alcohólicos nuevos que llegan al grupo, que es una especie de lema: Solo conoce el peso del muerto el que lleva la caja. Para no olvidar jamás lo que se carga cuando entramos en una recaída”.

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