Raúl Torres, el novio de la Revolución cubana

El etéreo de trenzas largas Raúl Torres tuvo el honor de sentarse en la misma silla móvil que en otras sesiones ocuparon generales

 Por Narciso Díaz Rodríguez/ HABLEMOS PRESS.

 LA HABANA.- Fue el místico y controversial Gurdgieff, quien haciendo gala de su cinismo espectacular dijo: “si quieres perder a tu maestro, conócelo”.

Tal vez la frase no sea tan exacta, pero sirve de guía. Por supuesto, resulta inquietante.  Y lo cierto es que  conocer durante todos estos años a juglares como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Israel Rojas y Raúl Torres, entre otros, ha devenido en decepción para muchos. Me incluyo entre ellos. Es un desengaño que nace y luego crece hasta aplastar el ángel de la pasión que supieron crear para nosotros. Después, solo quedan migajas, frases pequeñas, a veces incompletas, melodías cortas. Y en ocasiones, hasta cometemos el “error” de adjudicar alguna de sus frases a otro autor. Es el imaginario popular que inconscientemente los castiga. Al final no queda nada, tal vez porque no había nada, o muy poco.

Recientemente la Mesa Redonda, ese enclave áspero y esquivo de la Televisión Cubana, transmitió en su sección Historias de Vidas, una entrevista a Raúl Torres.

El trovador, tuvo el honor de sentarse en la misma silla móvil que en otras sesiones ocuparon generales, veteranos de historial siniestro, científicos y otras luminarias de la envejecida revolución. Era evidente que la entrevistadora, Arleen Rodríguez Derivet, con ojos de felina adiestrada en la defensa de lo intolerable, trataba por todos los medios de elevar o sustentar la maltrecha imagen del artista. Era un diálogo de limpieza, burdo y  aburrido, pero necesario para el cantautor, o para los que diseñan su figura desde una oficina oscura y fría del Consejo de Estado.

La naturaleza humana es intrincada. Un charlatán puede escribir una novela genial y un cobarde crea una canción enardecedores, un poema  que hace llorar. Resulta demoledor ver al autor de piezas como Candil de Nieve y Regrésamelo Todo,  dedicarle  una oda  al extinto comandante, acompañada de melodías cansadas y acordes pobres y repetidos. Parece ser que la inspiración corre por caminos enmarañados, inexplicables hasta para el mismo creador.

En la mencionada entrevista, el trovador se movía con mesura y ademanes estudiados. Sí, es el ego que toma forma entre las formas e incansablemente diseña imágenes. Nos pasa a todos. Somos reos de nuestra propia imagen en un mundo de candilejas.

Esta vez, como era evidente, Raúl, el etéreo de trenzas largas, lo había ensayado todo, hasta los casi imperceptibles movimientos de sus dedos ¡y  sus labios! Con  estilo, con voz suave de niño en el vacío –quizás como su “Peter Pan sin Wendy”  en manos de una amante-, solo debía esperar el pie forzado de la conductora. Era un guión practicado una docena de veces. Y así, una y otra vez, con palabras dulces y con la última sílaba pronunciada casi inaudiblemente, el cantautor argumentaba contra los que, bien sea desde adentro o desde afuera de la Isla, lo atacaban por su inexplicable e incondicional adhesión al régimen. Inexplicable, porque lo último que se piensa cuando el corazón salta por un verso es en el oportunismo del autor. Y por otro lado, bien inspirado estaba el mismo Raúl cuando creó el tema musical de  Brainstorm,  el  cortometraje de Eduardo del Llano del 2009,  en el que se le escucha entonar  frases como “vamos a creernos lo que no está pasando, que el señor está improvisando”. Es el eterno dilema de los que estamos del lado de acá de los artistas: creer o no creerles, ir con ellos o dejarlos pasar.

No conocimos a Homero, ni a Sófocles ni a Shakespeare. Y es lo mejor que nos ha sucedido. Así podemos vibrar y saltar con la obra y su autor. Quien sospecha que pueden estar separados comete un error.

Los artistas de ahora, lo creadores, se enfrentan al fenómeno mediático más ensordecedor e impredecible de los últimos tiempos: las redes sociales. Y el reto no es solo para ellos, sino para todos. Porque sorprendentemente ahora, cada uno de nosotros, los espectadores, dejamos de ser simples consumidores de sofá para convertirnos en creadores de contenidos. Un  solo  clic basta para que lo creado, que podría ser muy bueno o al menos interesante, llegue a millones, quienes a su vez, lo comparten con otros millones.

Si Silvio y Pablo, antes solo estaban expuestos a los embates de una concentrada  prensa en el exterior, hoy las reglas del juego son otras.

Raúl Torres e Israel Rojas, ambos con acceso pródigo a internet, día a día están expuestos a los juicios, valoraciones, calumnias e interpretaciones –erradas o no-, por parte de todo el que,  generalmente en castellano, los conocen por ser figuras públicas.

Es cierto que la censura en internet funciona tanto para los cubanos de adentro como para los de afuera. Para los de adentro, el castigo es evidente. Y los de afuera, podrían exponerse, entre otras reprimendas, a la negativa de  entrada a la Isla. Pero en la manada siempre hay quien asume los riesgos y cruza la verja. Y el juicio de ese arriesgado va a parar a muchos y luego cada uno de esos muchos a su vez exporta su criterio -¡y su creación!-, de manera que una idea, una frase, una revelación, un secreto,  una crítica, puede adquirir peso e importancia nunca bien calculados.

Contra esto, contra este capricho de la tecnología de destronar el monopolio, no solo de la  difusión sino también de la creación de información –principal pesadilla del régimen cubano-, no hay antídoto alguno. El pacto entre artifuncionarios y el gobierno ha comenzado a resquebrajarse. Cada vez menos podrán  proteger a sus aliados, a sus incondicionales, a los que escriben canciones de amor a dictadores.

Y la televisión cubana, engendro que no sobrevivirá al acceso libre y masivo a internet en la isla, hace su intento por tenderles el manto y el escudo a sus soldados. Raúl es uno de ellos, por eso le dedicaron el programa. Por eso le permiten crear y divulgar masivamente el último de sus audiovisuales, cargado de  lirismo impostado, como salido de los estudios fílmicos de las FAR. Los realizadores de la entrevista en la Mesa Redonda, aprovecharon  la ocasión para intercalar imágenes del video mientras Raúl hablaba con la presentadora, como si la silla sobre la  que  giraba de un lado a otro no lo sostuviera. El mantra revolucionario lo hacía levitar.

No podría ser de otro modo, pues en uno de los fragmentos del musical, ya  próximo al final, el cantante eleva  sus brazos y manos como quien va a ser ejecutado y exhala su último aliento: “sólo me quedas tú, mi novia revolución”.

El cantante olvida que una vez el mismo se fue y luego regresó, como en su momento lo harán otros, cuando los pactos hayan pasado de moda.

Tengo la sensación de que Willi Chirino y Amaury Gutiérrez están más presentes en la Isla que el propio Raúl Torres.

 

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