Dos excluibles cubanos sienten nostalgia de lo perdido

“La idea de saber que no podré volver nunca más allí, me está matando, poco a poco”.

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Según un reporte del periódico, Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, la isla recibió de vuelta a 78 de sus ciudadanos, declarados “excluibles” de refugio en Estados Unidos, tras el último acuerdo migratorio de 2017, antes de que las relaciones entre los dos países volvieran a entorpecerse por los famosos “ataques acústicos”.

La categoría “excluibles” concierne a cubanos que llegaron de forma ilegal a Estados Unidos,  a partir del éxodo masivo de Mariel en 1980, que cometieron delitos criminales y no clasifican en los patrones migratorios de ese país, cuya ley obliga a deportarlos.

Dos de ellos comparten sus experiencias, bajo la condición de anonimato, pues revelan que les volvió la paranoia de la persecución de la Seguridad del Estado cubana.

“A mí se me había borrado de la cabeza como se vivía en Cuba”, dice el primer entrevistado,  que llamaremos Javier.

“Esta asfixia y el sobresalto que acompaña al cubano, tener que emplear cada minuto del día en la supervivencia. Y cuando duermes, tus sueños son un repaso del día, puras pesadillas”, expresa.

Javier estuvo preso en Atlanta por ser un esposo violento y mutilar a su esposa en un riña. En cambio dice que era muy disciplinado y serio en el trabajo.

“En Cuba fui sonidista de Tropicana hasta que me botaron por causa de mi naturaleza violenta. Mi esposa era bailarina y borracho le di una paliza, eso me llevó a la cárcel”.

En Estados Unidos reincidió en el delito.

“En la prisión de Atlanta estuve en un programa con psicólogos que trabajaron conmigo, pero caí entre los excluibles y aquí estoy, después de 22 años. Ahora lamento lo que perdí. Ando de nuevo creyendo que me siguen cuando me meto en un negocio, para subsistir. Todavía no me he buscado mujer, porque pienso que cuando la tenga, voy a descargar sobre ella mi frustración y me llevarán de nuevo a la cárcel, que no es como las de allá. Esta es un infierno”.

En cambio ‘el lento’, también “excluible” y como Javier con más de 20 años vividos en Estados Unidos, cuenta con un expediente delictivo copioso, tanto en Cuba como en USA.

“Cuando vivía aquí tuve muchos negocios, un banco de bolita, una casa de empeños clandestina, todo eso lo perdí en un ‘plan maceta’ y fui a parar al combinado, donde me hicieron talco. Pagué mi libertad y cuando salí me fui echando pa’ la yuma”.

‘El lento’, que no hace honor al sobrenombre porque es rapidísimo en tomar decisiones, relata  que al llegar a Miami se conectó con el negocio grande.

“Comencé a ‘traficar’, con cubanos que ya estaban insertado en el negocio. Por un tiempo me fue bien, pero luego contraje deudas de juego y tuve problemas Nos enredamos a tiros con otro grupo y hubo un muerto, entonces me escondí hasta que me cogieron y fui a prisión. Los días que viví en Estados Unidos fueron los mejores de mi vida. Llevo cuatro meses en Cuba. Cuando me vi vendiendo confituras en la calle Monte como un mendigo, descubrí que ahora sí que estoy realmente preso”.

El 12 de enero de 2017, cuando expiraba el mandato de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos, se firmó un nuevo acuerdo migratorio que convino actualizar la lista de 2746 personas consideradas “excluibles” y que también puso fin a los beneficios extraordinarios que se otorgaba a migrantes cubanos, entre ellos la política de “pies secos-pies mojados”, que permitía el ingreso de inmigrantes cubanos que hubieran pisado territorio estadounidense. Además dejó sin efecto el programa “Parole”, que daba asilo a médicos cubanos en misiones internacionalistas.

Javier y ‘el lento’ coinciden que Obama le hizo el juego al gobierno de Cuba, en cuanto al endurecimiento de la represión.

“Cuando llegué a Estados Unidos en una balsa”, recuerda Javier, “me dieron toda clase de gratuidades y apoyo. Trabajé en una discoteca, me casé con una americana y teníamos una casa en Coral Galbes que era un primor, pero al final el alcohol y la violencia domestica me vencieron y volví a caer preso. ¡Cuánto lamento la vida en aquella sociedad, donde si se trabaja se come!”.

‘El lento’ igual siente nostalgia por Estados Unidos. “La idea de saber que no podré volver nunca más allí, me está matando, poco a poco”.

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