Aunque las remesas familiares registran un nuevo récord en Cuba, pocos emigrantes pueden cumplir con sus promesas

En el 2017 entraron a Cuba 3.440 millones de dólares a la isla, producto de las remesas familiares.

Por León Padrón Azcuy/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- La mayoría de los cubanos que han salido definitivamente de este país, prometieron a sus familiares ayudarlos con el envío constante de remesas, y otras provisiones necesarias para subsistir en la isla, donde los precios de los productos alimenticios y otros artículos de primera necesidad suben cada mes.

Al consultar a varias personas en la capital, estos afirman que pocos emigrantes cumplen las promesas.

“De de vez en cuando muchos sorprenden a sus seres queridos con él envió de 100 dólares mensuales, un viajecito a la isla por varios días, o prometiendoles una invitación a los Estados Unidos, aunque esto último, ahora es una fantasía para muchos, puesto que la Embajada de Estados Unidos aquí en La Habana, no está disponible por los sonados ataques sónicos contra sus funcionarios”, expresa un anciano, que pidió el anonimato por temor a represalias.

La mayoría de los cubanos exiliados en los 70 u 80 que regresan al país de visita, apenas ponen un pie en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, dicen que se dan cuenta desde el avión que la isla parece una ciudad bombardeada. Algo que luego se distingue de manera tangible cuando caminan por cualquier municipio o provincia.

Francisco Pérez Soto, un emigrante, explica que tras cuatro intentos por salir de Cuba en una balsa rústica, y de manera ilegal, logró finalmente llegar a Estados Unidos, donde según él lo recibieron como refugiado político, y hoy realiza parte de sus sueños y los de su familia.

“Luego de transitar por un largo periodo de adaptación en Estados Unidos, reunir una plata, decidí venir para visitar a Kuqui, mi madre y a mi padrastro Mario. Anteriormente le había hecho realidad algunos sueños, cómo mejorar la casa, y amueblarla”.

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Pero según Mario, el padrastro de Francisco, “reparamos toda la cocina. Echamos piso nuevo en toda la casa y pintamos, además, pusimos taza nueva en el baño y lavamanos, juegos de llaves, duchas y calentador, todo comprado nuevo para esperar la llegada de Francisco, pero él decidió hospedarse en una casa de esos cuentapropistas que alquilan a los Yumas. Durante la semana que estuvo en Cuba, exigió comer solo en restaurantes y cafeterías; no sé si porque sentía lástima por nosotros, o porque la comida que cocinamos el primer día no le gustó a pesar de que era muy diferente a la que acostumbramos a comer nosotros”.

Al clasificar otros testimonios de los consultados, nos dimos cuenta que este no es un caso aislado, una señora que vive en un solar de la calle Calzada y C en el Vedado, cuya casa está muy bonita, pero otras en este pasillo se caen a pedazo, recibió a principios del pasado mes de noviembre a su hija Sandra, procedente de Estados Unidos, por segunda vez. “Imagínate que mi hija estaba horrorizada, se lavaba la boca con agua hervida, se bañaba varias veces al día porque se sentía sucia todo el tiempo, tomaba el agua comprada en dólares y jamás quiso comer en la casa porque le daba asco”, dijo.

Los cubanos que van al extranjero por primera vez -por un corto tiempo- y luego regresan.

Osvaldo Calzadilla, más conocido por Tin, quien es dueño de un taller que repara motobombas de halar agua y ventiladores de todo tipo, ubicado en el céntrico Vedado habanero, recientemente pudo visitar a su hija, que reside en Tampa dice que: “No es lo mismo que alguien te lo describa a que tú lo veas. Cuando llegué al Aeropuerto de Miami me di cuenta de que el Aeropuerto de La Habana tiene más parecido a un taller de trenes viejos que a un aeropuerto, pero la peor impresión me la llevé cuando regresé a aquí a La Habana; colosal castigo tener que adaptarse de nuevo a esta asquerosidad”.

Onilda, vive con su esposo en un apartamento moderno en Miramar, tiene sus dos hijos viviendo en Miami y posee la ciudadanía española hace algún tiempo, lo que ya le permitió viajar fuera de Cuba.

“La noche que regresé de Estados Unidos por poco me da algo, entrar a mi casa, casi en penumbra por los bombillos ahorradores que aún tenemos para iluminarnos que casi no alumbran, pero además ver a mi marido trabajando en sus estadísticas beisboleras, con aquel casquito de computadora, con un monitor que se le enciende y se apaga, todavía me tiene traumatizada, por suerte le traje una computador portátil nueva, marca Toshiba que aquí cuesta el ojo de la cara, y bombillos de más voltaje para iluminar bien la casa”, señaló.

El aumento de las remesas familiares se debió al incremento de la migración cubana hacia Estados Unidos en los últimos 5 años, la mayoría por rutas informarles.

Más de 50.000 mil cubanos alcanzaron suelo americano durante el 2016, el año en que unos 80.000 mil cubanos salieron de la isla por diferentes vías y hacia diferentes países.

Cientos de historias asombrosas están en cada familia cubana que tiene un pariente emigrado. Problemas y promesas que no se solucionan aun cuando estos millones de dólares entran producto de las remesas familiares. Todo apunta hacia una dirección: El desastre instituido desde 1959 por la dictadura de los Castro es tan grande que no logra satisfacer las promesas familiares.

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