El Estado cubano, un saco sin fondo

La calle permanece cerrada desde hace un mes, cuando comenzaron las labores de abertura.

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Una obra social que desde hacía mucho tiempo esperaban los vecinos de la zona costera de Jaimanitas, se acometió finalmente, pero la mala calidad de su ejecución provocó que tuviera que realizarse dos veces, con doble gasto de recursos. Ahora todos se preguntan: ¿Quién pagará esta sangría?

Se trata de la reparación de una conductora que unía el antiguo desagüe de Jaimanitas con el mar y se encargaba de  evacuar el agua de lluvia, y también las aguas negras literalmente taponeadas de las viviendas, debido a que el viejo desagüe había desparecido con el paso del tiempo.

Las construcciones sin orden ni control urbanístico lo fueron reduciendo hasta dejar un tramo de una pequeña zanja, que ya no alivia el agua.

“Cuando llueve esto se vuelve un caos”, comenta Hilda Medina, vecina de la calle Primera B y 238, una de las más afectadas.

“Eso constituyó una queja durante décadas, que se recogía como un planteamiento en las reuniones de rendición de cuentas del Poder Popular. La necesidad de destupir la zanja y acometer una obra seria, que resolviera el problema, pero nunca se hizo. Ahora por fin vinieron con una excavadora, ampliaron la cuneta y colocaron tubos, pero todo siguió igual, porque lo hicieron mal. Han tenido que romper de nuevo, abrir y empezar otra vez”, explica Medina.

Nilson, otro vecino de la zona, expresa: “El problema es que no le dieron la caída necesaria a los tubos y el agua no corre. La causa del problema tal vez se deba,  a que mientras se realizaba el trabajo no había presente ningún ingeniero a cargo. Vino la excavadora con dos ayudantes, tal vez con indicaciones de cómo efectuar el proyecto, pero ninguno con preparación profesional. Ese es el resultado”.

Los tubos colocados en el desagüe son de un metro y cincuenta centímetros de diámetro, los necesarios para resolver la situación, pero no fueron instalados correctamente, con la inclinación requerida según las leyes de la física, elemento decisivo para que el agua corriera hacia el mar.

La calle permanece cerrada desde hace un mes, cuando comenzaron las labores de abertura, otro inconveniente para los vecinos y el tránsito en la zona.

Esta obra está siendo ejecutada por la empresa Aguas Negras de La Habana. Al preguntarles a sus trabajadores el porqué de tan  pésimo resultado, que ha derivado en doble gasto de tiempo, de recursos y salarios, los obreros que se encontraban en el sitio, (el conductor de la excavadora y dos ayudantes), se negaron a contestar. Tampoco quisieron dar  nombres de los responsables.

Esteban, vecino de la calle 238 y técnico en telecomunicaciones, víctima también de las inundaciones costeras y el desbordamiento de su fosa sanitaria, expresa: “Esta zona de Jaimanitas, históricamente, ha sido blanco de crecidas debido a la falta de drenaje. Además, es una zona baja, muy golpeada por las penetraciones del mar. Con los aguaceros se inundan las calles Primera B desde 230 hasta 238 y la calle 236 desde Tercera a la calle Primera, provocando que el agua penetre en las viviendas con los respectivos daños materiales a sus moradores. Con el ciclón Irma en septiembre pasado, muchas de estas viviendas, como la mía, quedaron anegadas. Ahora se acomete la tan esperada obra hidráulica que pudiera resolver el problema, pero mira esto: tiempo perdido y malgasto de  recursos. Ahora pregúntate: ¿Quién paga estas pérdidas?

Nilson, su vecino, le contesta: “El estado. ¿Quién más? Ese asume todas las responsabilidades por la falta de control y el mal trabajo. Es un saco sin fondo, donde caben todas las ineficiencias, que como el agua a esta isla, nos rodean por todas partes”.

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