Cuba y el alcoholismo a granel

La estela de sufrimientos que está dejando el alcoholismo hoy dentro de muchísimas familias cubanas es alarmante.

Por León Padrón Azcuy/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- En la Cuba de hoy el alcoholismo se ha convertido en la vía para escapar de los infortunios. Lo escandaloso del tema, es que la mayoría de los atrapados por esta enfermedad satisfacen su necesidad alcohólica a base de un ron a granel que oferta la red de gastronomía y comercio a bajo costo (20 pesos MN por cada 750 ml) sin especificación alguna, y de pésima calidad que se expende en cientos de establecimientos en toda la isla.

Esta enfermedad que no tiene control sobre los límites de su consumo, suele ir elevando a lo largo del tiempo su grado de tolerancia al alcohol. Y si bien hasta el momento no existe una causa común conocida de esta adicción, varios factores pueden desempeñar un papel importante en su desarrollo.

En la Cuba comunista, la necesidad de aplacar las penurias, la pobreza, las tribulaciones, los conflictos, la depresión, la falta de libertad y la baja autoestima, son los responsables para que este terrible padecimiento siga haciendo estrago en un alarmante número de cubanos.

En el municipio Plaza de la Revolución, desde horas tempranas de la mañana el enajenante líquido que también apodan “saca ojos”, está a disposición en muchos puntos de venta, como 1ra y 8, 10 y Línea, 24 y 15, F y línea, B y 3ra, 19 y B, y 27 y A,  se puede observar a un gran semillero de bebedores que pernoctan en sus alrededores, para ingerir este alcohol sin importar lo que pasa en el mundo exterior.

Uno de ellos al que apodan El Moro, antiguo marinero que vive en el Vedado y se encuentra atrapado por el alcoholismo dijo: “Viajé durante muchos años por diferentes países, jamás hice dependencia del alcohol, mis problemas comenzaron cuando perdí mi trabajo en la flota pesquera”.

El hombre ha vendido todos los equipos electrónicos de su casa y la ropa que trajo del extranjero. Ahora su mujer lo abandonó y padece de una terrible enfermedad hepática a causa del alcohol, que lo mantiene con los pies inflamados y temblores en la mano, pero aun así sigue bebiendo.

Hay otros casos que compran este ron a granel y lo llevan a sus hogares, como Luis, un trabajador retirado de los ferrocarriles, que desde que su esposa y los hijos se fueron para EEUU comenzó a beber  y hoy padece una fuerte adicción.

“Me acostumbré a comprar mi caneca (botella) todos los días, y aunque sé que este ron es pésimo, es más seguro que el de los vendedores clandestinos. Mi sueldo no me alcanza para los rones de calidad”.

Caridad, una señora encargada de cobrar la finanza de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en su cuadra explicó: “Ese ron es un demonio. Aquí en la calle 27 del Vedado, se han muerto Peneque, Tony, y el Yoyi y otros tantos van por el mismo camino”.

Claudio, un excluible que fue deportado de los EEUU y que ahora vive en una cuartería con su hermana, su anciana madre y dos sobrinos en el barrio del Fanguito, cerca del rio Almendares, se sienta en la acera frente al mercado de 24 y 15, en el Vedado, junto a otros colegas que también ingieren grandes cantidades de este ron, todos los días, con la barriga vacía.

Agrega: “Para aplacar mis miserias yo tengo que darme unos cañangazos’.

Según los estudios médicos sobre el alcoholismo, el consumo excesivo y prolongado de esta sustancia va obligando al organismo a necesitar cantidades crecientes para sentir los mismos efectos. A esto se le llama “tolerancia aumentada” y desencadena un mecanismo adaptativo del cuerpo hasta que llega a un límite en el que se invierte la supuesta resistencia y entonces “asimila menos”, por eso tolerar más alcohol es en sí un riesgo de alcoholización.

La estela de sufrimientos que está dejando el alcoholismo hoy dentro de muchísimas familias cubanas es alarmante.

La falta de oportunidades bajo el patrocinio irresponsable del régimen cubano, constituye un verdadero catalizador para que este flagelo vaya en aumento. De ahí que cada día un creciente segmento de ciudadanos se asome al infernal boquete habilitado por un costado de los mercados o bodegas, por donde salen centenares de botellas, pepinos y canecas con la dosis nunca exacta, para olvidar.

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