Sin fiestas en los círculos sociales cubanos

Su génesis puede encontrarse en niños jugando sin control por las calles

Por Frank Correa/ HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Entre las primeras causas que allanaron el camino para la alarmante pérdida de valores civiles y hábitos de conducta civilizada sufrida por buena parte de la población cubana, se puede identificar en los juegos infantiles callejeros, promotor de muchos problemas actuales.

Al triunfar la revolución de Fidel Castro en 1959, la libertad otorgada a los muchachos para jugar sin límites en la calle fue un recurso recurrente del nuevo sistema para dejar la impresión de que el pueblo era el verdadero dueño del país.

La desorganización y el descuido que trajo este desenfreno fueron caldo de cultivo para que el béisbol, el básquet, el voleibol y el fútbol, se hicieran parte ineludible del entorno citadino, interrumpiendo vías y desorden en los barrios.

Luis Cue, profesor de Educación Física en una escuela secundaria básica de la capital, concuerda con esta visión: “Al no tener que regirse por un horario y un orden civilizado, como los establecidos en estadios y canchas deportivas, los muchachos no tenían control alguno, lo que como condición distintiva fomentó la impuntualidad”.

Su esposa Melba es jefe de cátedra de historia y una de las sub directoras del mismo centro educativo.

“No sé si en los primeros años de la revolución existía una cabal conciencia del cuidado de la propiedad social, ni el respeto a la propiedad privada. Si lo era, ese principio de acatamiento colectivo se trastornó, y a tal punto que romper impunemente una ventana o maltratar un jardín ajeno, se consideraba simple accidente, sin responsabilidades que achacar”, explica Melva.

Otra maestra que se preocupa seriamente por el problema de la pérdida de valores en la juventud es la master en Pedagogía Judith Cabrera.

ninos-juegan-afuera-de-las-escuelas“La decadencia social y el deterioro de los hábitos y las tradiciones, así como la mutación del antiguo carácter respetuoso y solidario del cubano por la violencia verbal y física, y la indolencia ante la colectividad, es una característica común en muchos jóvenes y otros ya no tan jóvenes, de hoy. Y es cierto, en alto grado pudiera achacársele la culpa al juego en la calle, que colaboró a que se esfumara de nuestra sociedad el orden civil y algunos preceptos sociales que antes eran tradición en Cuba”, asegura la pedagoga.

Para Dévora Mistral, que atiende a menores en el Consejo Popular No. 2, de Playa, “el juego callejero violenta la disciplina del estudio, sobre todo la realización de la tarea en el hogar, una actividad que es esencial para el estudiante. No hacerlo cotidianamente prescinde de un nivel de concentración y tiempo casi nunca priorizado en Cuba. Los problemas de escasez y la preocupación en las familias por la búsqueda diaria de alimentos, mantiene a los padres en un constante sobresalto y no le prestan suficiente atención a que esa tarea se cumpla. La muy frecuente infracción de este complemento educativo hoy pone de manifiesto la notable cantidad de adultos con problemas de falta de instrucción educativa en matemáticas, ortografía, física, geografía, historia y química. Estas carencias quedan al descubierto al enfrentarse a los problemas más sencillos de la vida”.

Un chofer del ómnibus urbano que realiza el trayecto Paradero de Playa hasta La Habana Vieja y que pide anonimato, manifiesta que “el juego en la calle obstaculiza el tráfico, y pone en riesgo la vida de choferes y de los propios muchachos. Los chicos batean pelotas, patean balones, encestan en aros clavados en árboles o en paredes de casas, vociferan, gritan malas palabras, le faltan el respeto a quien los recrimine”.

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