Sombrías navidades en Cuba: A la espera de un “salve del Yuma”

“El 24 haremos cena familiar, sin muchos aspavientos…”, dice un joven gastronómico cubano

Por Mario Hechavarría Driggs/HABLEMOS PRESS.

LA HABANA.- Aunque persisten dudas en torno a si habrá o no fiestas públicas,  fue evidente el alivio popular de que no se suspenderán las actividades por la Navidad y Año Nuevo en Cuba.

La tercera semana de diciembre comenzó con una buena nueva. Centros gastronómicos en la capital ratifican que no se prohibirá las ventas de bebidas alcohólicas. Aun pesando sobre la nación el luto oficial por la reciente muerte del dictador Fidel Castro.

Sin embargo, persisten las dudas. Para esta singular etapa de la nación, ¿cómo esperaremos las Navidades?

Lucrecia Suárez, vendedora de cerveza a granel de la esquina conocida como Las Avenidas en esta capital,  termina sincerándose al abordar el tema.

“Hay hasta gente presa por vender alcohol a escondidas durante los 9 días de este duelo que pica y se extiende. ¡No parece acabarse nunca! A cualquiera se le muere un ser querido, la madre, un hijo, pero la vida debe seguir adelante. Menos mal que lo de la prohibición de actividades para Navidad y Año Nuevo ha sido ratificado por los organismos gastronómicos. Nos tendrían ahogados. Sin ventas, no hay dinero… ¡y el fin de año viene acabando!”—, sentencia la mujer.

cubanosEn la esquina de Subirana y Desagüe, barrio de La Victoria, Centro Habana, se entremezclan mercado agropecuario y bar-cafetería, el primero estatal, el segundo gestionado por cuentapropistas.

Alfredo Lugo, taxista jubilado, dijo “comer carne de puerco y beberse una cerveza, no es noticia. Aquí no salimos del cerdo y el pollo, lo demás está casi prohibido, o por el precio o por la ley. Mi mujer y una de nuestras hijas por poco me matan del susto cuando se aparecieron con un guanajo vivo –pavo-,  que les costó 60cuc (pesos convertibles (CUC), equivalentes a dólares norteamericanos) para la cena pasada.

“Tú estás sin problema porque seguramente te mandaron un “salve” -ayuda monetaria- de los Estados Unidos, dijo Alfredo.

“Al que Dios le dio, San Pedro se lo bendiga”, replica una anciana con bastón y jaba mugrienta, en tanto comenta.

“Nosotros los jubilados nos contentaremos con venir aquí, buscando el tomate a 4,20 la libra en pesitos de Cuba… ¡Y ni soñar con hacerle una visita a Carlos III!”, dice la anciana. Refiriéndose a una concurrida tienda recaudadora de divisas, ubicada en la avenida que el pueblo persiste en llamar por su antigua denominación. Allí radica una oficina de Western Unión, donde este miércoles hay larga fila esperando para cobrar remesas.

wester-unionRubia y muy joven, la chica en la cola comenta: “El dinero que nos mandan no será para fiestas. La casa se nos está cayendo, así que comeremos como un día cualquiera porque vale más el techo. Y si quieres materiales de construcción duraderos, el precio anda por los cielos, por no hablar de lo que cobra un buen constructor”.

Juan Luis Acosta, jubilado, se busca pesos extras. “Soy sereno de una empresa en la calzada de Galiano, cerca del parque Fe del Valle. Por la noche cuido los vehículos que allí parquean. Con ese empleo agrego algo más a mi pensión. Pensaba irme con mi hermano en Miami, pero no ando bien de salud. Allá sería una carga para él, así que mejor esperar. Pasaré las Navidades con mi hija, que es la que administra lo que nos mandan de Estados Unidos”.

A pesar del tiempo, y de la deliberada intención oficial de borrar tradiciones, hay jóvenes que no olvidan la Noche Buena. Uno de ellos es William, dependiente de un bar-cafetería privado. “El 24 haremos cena familiar, sin muchos aspavientos, pero no olvidaremos la fecha porque somos una familia religiosa”.

La gente se pega a cualquier cosa para sobrevivir,  aferrándose  a la tabla que aun flota en medio de la tormenta. Muchos cubanos esperan un “salve del Yuma”, otros la pasaran con arroz y huevos hervidos.

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